martes, 4 de noviembre de 2008

Cuando los banqueros piden ser nacionalizados… más o menos

Sacamos este artículo de nuestro Presidente desde la página de la revista digital "Milenio Azul" (http://www.milenioazul.org/actualidad003.htm):

Cuando los banqueros piden ser nacionalizados… más o menos

Aún recuerdo aquella interesante conversación que tuve hace nueve años, en el magnífico escenario del Hotel Doménico, mirador privilegiado de la que por derecho es la capital histórica del mundo, Toledo, con un directivo entonces de un importante banco español: “¿Que habría que pensar en nacionalizar el sistema financiero para que cumpliera adecuadamente su misión como instrumento al servicio de la economía nacional? Eso me parece una locura y… ¡supondría un caos económico que nos pondría a la altura de países como Ghana!”

Es curioso, pero aunque hace tiempo que no coincido con él –físicamente, claro–, me da a mí que si me encontrara un día de estos con él en alguno de esos saraos en que solemos encontrarnos de año en año, no dudaría en defender a capa y espada las nacionalizaciones bancarias y las ayudas públicas opacas que hoy defiende quien entonces era su jefe –pues él hoy tiene un empleo mucho más digno– para los bancos en apuros. Él, que es una buena persona, además de ser inteligente y de principios –aunque ya se sabe que para no morder la mano que da de comer en ocasiones personas como él defienden cosas que no debieran y hasta con frecuencia las terminan interiorizando–, seguramente estos días ya no defienda tan ardorosamente el libre mercado y todas esas cosas que vienen en el mismo “pack” neoliberal –o sí–, porque vistas las cosas que pasan por el mundo capitalista este que nos ha tocado vivir, muy pocos podemos presumir de haber sostenido siempre lo mismo sin tener que variar ni una coma, al menos sin hacerlo por pura cabezonería, claro.

Botín y compañía desde luego que no, porque no deja de ser curioso verles pidiendo intervenciones y ayudas opacas –¿qué importa a quién se ayuda con nuestro dinero?; ¡pero qué curiosa es la gente, oiga!– ahora que sus beneficios se reducen y tienen problemas de liquidez. Sí, sí, no es que hayan dejado de ganar, no, sino que son “cosas de la liquidez”, ya se sabe, ese elemento tan necesario para la vida, para regar las plantas, para saciar la sed, para que los financieros puedan seguir con su botín saqueándonos a todos…

Claro, que esos señores tienen sus razones, porque eso de nacionalizar los problemas tiene su sentido: uno se puede dedicar a estafar a la gente, sí, pero es que si el estafador se hunde sería todavía peor que si se le rescata para que pueda seguir estafando alegremente. Qué digo estafando, no hombre, creando riqueza quería decir. Ahora mismo no sé muy bien si estoy hablando de los directivos de Forum Filatélico, de los de Afinsa o de otros que esos que se visten por los pies o por donde sea –que mientras calcen botines de charol poco importa–, da lo mismo, lo importante es que no se confunda eso con ayudas a empresas en apuros o con familias que no llegan a fin de mes y que no pueden pagar su hipoteca; que no se confunda nadie: quien la hace la paga, y si no, que hubieran gestionado mejor sus empresas o no se hubieran metido en un piso creyendo que el trabajo iba a ser para siempre. ¡Hace falta ser inconsciente!

No pasa nada, para evitar los problemas de los que sí son importantes, basta con un buen plan de rescate, unos cuantos botes salvavidas para los que de verdad lo necesitan –siempre que no se delate a quienes los utilicen, que es de mala educación señalar con el dedo–, y luego a seguir ganando, porque eso sí, de nacionalizar las ganancias nada de nada, que eso no hace sino alterar el buen funcionamiento del libre mercado y supondría un intervencionismo intolerable, pues es evidente que “el estado es el problema”.

Y mucho ojito con ser intervencionistas, que luego se enteran los locutores ateos y protestantes de la COPE y nos la lían. A mí se me podrá llamar muchas cosas, pero de intervencionista nada de nada, que uno tiene su dignidad y sus principios.

Vivir para ver.


Jorge Garrido San Román