



Ya afirmó Onésimo Redondo: “Ahora, como antes, la agricultura es `la asignatura que no se da´
Aun peor, la expresión “agricultura y ganadería” han desaparecido del nombre del Ministerio que las representaba.
La supresión es intencionada, mediocre, y por ello, maledicente; supone la asunción de una nueva actitud ante la vida; la de convocar al hombre al desarraigo, al abandono de las raíces y con ello a la necesaria consecuencia de la enajenación de la propia persona de toda unidad orgánica de convivencia (familia, municipio y sindicato). Sin embargo, en la esencia de la actividad agrícola, se halla la vida como acción y poesía; lugar donde se enhebran dos complementarios: las raíces, como afianzamiento en la vida desde la tradición; y el trabajo como vía de ascenso hacia el futuro. La tierra no es el “agregado de unas cuantas fincas” sino “la depositaria de valores eternos”. Así debe ser contemplada, más como un proyecto de vida para los profesionales del campo y el resto de españoles, que como un programa de leyes frío y aséptico. La agricultura y la ganadería son el propio hombre, el carácter de aquellos que conforman la comunidad productiva; su visión y filosofía de vida y sus principios y valores éticos. Valores tales como el sacrificio, la paciencia, la nobleza, el trabajo, la lealtad, la poca prisa, el fruto más allá del producto, el amor a la tierra que nos acerca a la tradición, el empeño en construir y sobre todo la preocupación de que estos valores se transmitan a futuras generaciones, definen esa personalidad. Este sentido espiritual de la agricultura y la ganadería debe ir acompañado de una visión económica que haga posible que los agricultores y los ganaderos vivan dignamente de su profesión. Por ello toda medida que vaya contra el campo, contra la tierra, va contra el hombre. Hombre como ser social y trascendente, en unión con el destino de la patria sin abdicar de su dignidad personal.
Por ello, para la U.N.T. el trabajador, el trabajo y la tierra son partes fundantes y fundamentales en el destino de nuestra Patria, y a la que el Estado, como instrumento integrador, debe dedicar el máximo de los esfuerzos. La U.N.T. afirma también la necesidad de un desarrollo territorial equilibrado que revalorice los principios que aportan los hombres del campo al mundo, tanto éticos y culturales como económicos.
Hoy todavía “el campo es España”.
Los nacional-sindicalistas creemos en el trabajo y en su justa remuneración. Este es el mejor principio de revalorización del campo y de la dignificación de sus hombres y mujeres. La reforma agraria nacionalsindicalista debe afirmarse revolucionariamente en la acción proteccionista de los profesionales del campo, contemplándolos como sujetos activos de un sector estratégico nacional. Trabajadores activos que transforman la materia haciendo de ella no solo algo propio sino también algo nuevo, creado, donde el sujeto, con sus potencias físicas e intelectuales, deja su alma y su carácter. Deja su vida y se rehace en su obra. “El trabajo es una función humana” y, con él, “el mejor título de dignidad civil”. Por ello, los nacional-sindicalistas nunca contemplaremos el trabajo como una carga sino como el cumplimiento de un deber. Todo hombre y mujer despliegan su esencial aptitud y constitución a través de la creación en el trabajo, para llegar a hacer más, para ser más. Puesto que “todo trabajador es un creador”, este debe sentir que aquello que produce es propio y de interés social.
El hombre se convierte en totalidad al desarrollar todas sus dimensiones y potencialidades y armonizarlas con el resto de la sociedad. En esto consiste el desarrollo humano. Desarrollo personal desde el trabajo y como partícipe en el bien común, en lo social.
Las indecentes políticas socialistas y populares en materia agrícola han estado cobardemente supeditadas a la cómoda situación de recibir ayudas que con el tiempo se han transformado en subvenciones, convirtiendo al agricultor y al ganadero en sujetos pasivos y mendicantes de la limosna anti-productiva de la Política Agraria Comunitaria (PAC) de la Unión Europea. La U.N.T. afirma que todo desarrollo económico tutelado por subvenciones es un desarrollo ficticio y dañino para los intereses de los trabajadores y el destino de España. Una comunidad dependiente de subvenciones y que no produce es una unión falta de soberanía y de libertad, presentándose como pueblo deteriorado materialmente y anestesiado espiritualmente.
El que fuera antaño agricultor y ganadero lleno de integridad arraigada, es hoy hogaño hombre desintegrado, desarraigado e indigno que se ve impedido desde la administración para cumplir con su profesión, que es vocación. La Unión Europea, a través de Política Agraria Comunitaria, y con el cómplice beneplácito de los gobiernos socialistas y populares, ha hecho del agricultor y del ganadero un funcionario subsidiado con voto pero sin voz.
Por ello debemos poner en alza la dignidad profesional del agricultor y ganadero desde la maximización de sus potencias productivas, abandonando los mínimos en lo que nos han establecido. Y por eso la U.N.T. afirma tajantemente que, por el bien de España, debe hacerse una política agrícola y ganadera que maximice las potencialidades que el campo español ofrece, y así hoy más que nunca debemos insistir en que “no debemos acordar tratado de ningún tipo que limite la producción de bienes o frutos que correspondan a la base natural de nuestra agricultura, pesca y ganadería; aunque pactaremos nuestra concurrencia a los mercados exteriores”.
Para ello la U.N.T. estima que hay que reestructurar las políticas de ayudas, no subvenciones, con el fin de que cumplan la función a las que están destinadas, rechazando, como política agrícola de futuro, elementos como el desacoplamiento, rebaja de la producción, distinción entre ATP y no ATP, afirmando la necesidad del reencuentro con las raíces personales, familiares y espirituales del trabajador en todos los ámbitos, para que la agricultura y la ganadería cumplan sus tres objetivos esenciales: el económico, el medioambiental y el sociocultural.
La situación del agro español es aterradora: incremento espectacular de los costes de producción, falta de almacenamiento colectivo; riesgo de volatilidad de los mercados; enfermedades de los animales y problemas sanitarios en general, cambio climático; competencia desleal de los países emergentes y no emergentes; malas políticas desde las administraciones autonómicas, central y europea. Los “grandes caimanes” de la especulación, los intermediarios, son los grandes beneficiarios de la estructura económica actual.
La primera función de la agricultura y ganadería es la de alimentar.
Las crisis económicas y la globalización desmedida han demostrado que el liberalismo como mecanismo controlador de los mercados ha fracasado en dicha función.
Por ello la U.N.T. propone la intervención en los mercados. La U.N.T. está absolutamente convencida de la necesidad de sustituir las estructuras actuales de gestión de mercados por otras más coherentes con el fin de asegurar la producción europea de alimentos que el sistema liberal ha despreciado en favor de terceros; hay que intervenir en los mercados para alcanzar un nivel digno en las rentas de los agricultores; hay que intervenir en los mercados para garantizar una política de precios fijando unos precios mínimos estables, y hay que intervenir en los mercados para luchar contra la falta de garantía en los autoabastecimientos de alimentos que el sistema liberal ha abandonado.
La U.N.T. entiende que hay que aprovechar las inversiones de capital hechas, la abundancia de mano de obra y la tecnología para recuperar empleo y enviar al mercado productos de calidad. No debemos olvidar que podemos llegar antes a los mercados y con mejores precios debido a las ventajas de nuestra climatología. No somos sólo turismo. La U.N.T. afirma con convicción que pertenecer a la Unión Europea no supone la resignación a ser meros gestores de decretos y presupuestos. Nuestra política nacionalsindicalista le dice a la Unión Europea que toda política agraria debe garantizar la presencia de los productos de sus miembros en los mercados extranjeros. Para la U.N.T. hay, como dice nuestra norma programática, que “orientar la política arancelaria en sentido protector de la agricultura y de la ganadería”.
Acuerdos, como el hecho con Marruecos contribuyen aun más a la ya delicada situación del campo español pues de toda la Unión Europea, junto a Portugal, nuestro país será el más perjudicado.
Las importaciones de productos cuyos costes de producción (bien por los salarios pírricos bien por las nulas garantías laborales de los trabajadores –esclavos de una producción con interminables jornadas laborales-) son muy bajos y con escasa -casi siempre nula- trazabilidad, representan una competencia desleal. De igual modo, el control que ejercen las grandes superficies sobre el mercado contribuye negativamente aún más a la penosa situación.
La U.N.T. exige a la Unión Europea la necesidad de contemplar las especificidades productivas de cada país miembro y legislar a partir de esas características. Por ello la U.N.T. tiene escrito en sus principios la idea de fundar la “Agencia Nacional del Extensivo”.
La U.N.T. cree en la viabilidad socioeconómica del campo desde un modelo de gestión mixta, combinando la producción y el apoyo público en reconocimiento de los servicios que el ganadero y el agricultor aportan al medio ambiente. La U.N.T. insiste en que solo los agricultores y ganaderos saben lo importante que es el cuidado medioambiental para mantener sus producciones. Ellos son los grandes gestores de los recursos naturales. Por tanto la U.N.T. considera que hay que contemplar la idea de “pagos por servicio” apoyando a los agricultores y ganaderos que trabajan en las medidas medioambientales. Son ellos los que producen conservando. U.N.T. piensa que el agricultor y el ganadero es el mejor guardián del medio ambiente.
Toda la Política Agraria Comunitaria sobre la eficacia de recursos, la competitividad, la innovación tecnológica, los productos de calidad de alto valor añadido, la información y comunicación, la inversión en formación es para la U.N.T. papel mojado; una falacia metafísica y antropológicamente buenista que confunde los deseos con los hechos y disfraza en un lenguaje esperanzador lo que es una ineptitud e impotencia de los políticos europeos y nacionales. La U.N.T. apuesta por explotaciones con perspectivas de futuro, capaces de competir en el mercado y de proporcionar a sus titulares unas rentas dignas que retribuyan las inversiones materiales realizadas y que premien el esfuerzo personal como “empresarios agrícolas” que son.
La U.N.T. que cree en la producción como solución a la crisis del agro español, pues sigue “concibiendo a España, en lo económico, como un gigantesco sindicato de productores”, no va dejar de luchar por desarrollar una política agrícola de creación de empleo desde la producción y no de destrucción de explotaciones agrícolas a cambio de compensaciones económicas. La falta de producción no solo provocaría problemas económicos sino ambientales y sociales (éxodo de población del campo a la ciudad) y por tanto de empleo en la Unión Europea. La falta de producción aliena al hombre convirtiéndole en sujeto pasivo a la vez que constriñe su existencial esencia: la creatividad. No producir trae costes económicos y costes humanos. No hay que olvidar que “Toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral”. (Benedicto XVI)
En esta línea la U.N.T. propone crear estructuras productivas viables que cierren el círculo de la producción, transformación y comercialización. Es decir, una política de integración vertical agrícola y ganadera que garantice que el valor añadido repercuta en el propio sector.
Para la U.N.T., que recorre los pueblos de España predicando los principios que la definen, urge reclamar una estructura que garantice el interés general y el bien común tanto material como espiritual. La reforma agraria nacionalsindicalista está sujeta a principios que luchan por la justicia social.
La U.N.T. afirma que hay que trabajar para que la agricultura y la ganadería sean sectores estratégicos, que transmitan estabilidad y certidumbre tanto a nivel económico, social y cultural como medioambiental. Hoy la actividad agrícola y ganadera es una gran incertidumbre. La U.N.T. va a seguir en su idea de luchar por una reforma agraria que traiga un nuevo orden a medida del hombre, que aumente la producción agrícola transformando así las relaciones entre el hombre y la tierra. “España, en lo económico, ha de ser una gran comunidad de esfuerzo y de intereses encaminados al aumento de la producción”. Hay que seguir produciendo y produciendo lo que podemos producir por las características de nuestro ecosistema. Hay que ofrecer al mundo lo que podemos ofrecer y que no es una mano extendida esperando la limosna de la Unión Europea.
Las políticas agrícolas de la administración española y europeas han empobrecido nuestro futuro, el campo está cada vez más solo y las políticas de renovación generacional no han dado resultado. Cada vez hay más bajas en el campo.
La U.N.T. considera fundamental trabajar sobre un desarrollo territorial equilibrado, apoyando el empleo rural y manteniendo el tejido social. Hoy es una ruina anunciada incorporarse al ejercicio del campo por parte de los jóvenes por las condiciones a las que se enfrentan. Hay que trabajar por el rejuvenecimiento del sector con el dictado de medidas que aseguren el relevo generacional para asegurar un campo con futuro. A esto hay que añadir el diseño de una política educativa que responda a las necesidades actuales del campo.
La U.N.T. insiste en no olvidar que las explotaciones son propiedades privadas pero con función pública y destinadas al bien privado y al bien común. Por ello la discusión y el debate que se ha abierto en la Comisión Europea sobre el futuro de la PAC más allá del 2013 y los pedigüeños sindicatos de clases (que deben ser superados) en torno al término “agricultor activo” en un estado nacionalsindicalista está superado con la figura “empresario agrícola”.
La U.N.T. sostiene que, hoy más que nunca, el agricultor y el ganadero con una pequeña o gran explotación deben contemplar la idea del nacionalsindicalismo como solución a sus problemas, por la vía de la unión en hermandad con otros agricultores y ganaderos para hacer frente a las necesidades competitivas que el mercado les exige. El cooperativismo propuesto por la Comisión Europea es un “buñuelo de viento”. Hay que ser valientes y afirmar el nacionalsindicalismo como estructura dinámica que requiere la intervención de productores, obreros y técnicos, en una estructura vertical de las ramas de producción expresada en las unidades naturales de convivencia, la familia, el municipio y el sindicato.
Así y ahora, a todos corresponde abandonar la actual “égloga” romántica, bucólica e idealista del campo para retomar la “geórgica” nacional-sindicalista de una realidad y trabajar en la recuperación de la agricultura y la ganadería situándola en el lugar que le corresponde pues como siempre afirmó José Antonio “levantar la vida del campo es levantar la vida de España”.
UNIÓN NACIONAL DE TRABAJADORES

Manifiesto del 1º de mayo de 2011
Hoy es 1 de mayo, una fecha muy importante para los trabajadores, ya que conmemoramos el día en que la vieja reivindicación de la jornada laboral de 8 horas fue sangrientamente reprimida en el Chicago de 1886. Estamos en 2011, sí, pero sin embargo no podemos dejar de sorprendernos de que aquella vieja reivindicación, resumida en la frase “8 horas de trabajo, 8 horas de ocio y 8 horas de descanso”, tenga la misma actualidad de entonces, pues para una cantidad cada vez mayor de trabajadores, dada la pérdida constante de poder adquisitivo de los salarios, la jornada normal de 8 horas no es suficiente para poder mantener a su familia con el mínimo decoro exigible para los seres humanos. ¿Cuántos familiares o amigos nuestros, si no nosotros mismos, tienen que buscarse un segundo trabajo –también mal pagado, por supuesto–, para poder llegar a final de mes? ¿Acaso no es evidente que los derechos laborales y sociales que tantos años, tanta lucha, tanta represión y tanto esfuerzo costaron conseguir, se están perdiendo a un ritmo constante sin que parezca que se puedan recuperar? ¿Qué hacen los “sindicatos” mayoritarios para oponerse a esto?
2010 supuso la aprobación de una nueva reforma laboral que ha supuesto un enorme paso atrás, tal y como viene sucediendo desde hace más de 30 años con la complicidad escandalosa de esos falsos “sindicatos” del Sistema, CCOO y UGT principalmente. Se han opuesto a esa reforma, es cierto, pero su respuesta ha sido tan floja como su cada vez menor legitimidad y representatividad social. Son ya muchos años vendiéndose al Sistema como para ahora pretender encabezar nada; demasiado tiempo practicando el entreguismo y dedicados a la comodidad y confundiendo eso con la “paz social”, término con el que querían camuflar su inacción. Quizá por eso han preferido no defender los derechos de los futuros pensionistas –con una reforma regresiva negociada y firmada por ellos–, negociar un recorte enorme de derechos y desactivar cualquier contestación social que no puedan canalizar ellos mismos. Su actitud es muy clara: “o nosotros o nadie”.
Son ellos, los falsos “sindicatos”, los principales culpables de la constante pérdida de derechos laborales y sociales producida en España en todo este tiempo, ya que forman parte del propio Sistema, se financian de él, a él se deben y a él justifican. Ni CCOO ni UGT pretenden proponer una alternativa al Sistema capitalista. ¡Simplemente eso ni se lo plantean! Ellos sólo aspiran a ser la coartada social del Sistema; a mendigar una y otra vez que los recortes sociales sean menores y perdamos derechos un poco más lentamente; se conforman con seguir siendo los entes privilegiados que mantengan controlados a los trabajadores, evitando que podamos buscar alternativas sindicales que sí busquen un horizonte nuevo y nos ofrezcan soluciones reales. Pero empiezan a pinchar en hueso…
Unión Nacional de Trabajadores (UNT) denuncia públicamente todo ello y, ante la grave crisis que padece el Sistema capitalista, afirma que los parches ya no sirven y se propone cambiar la estructura actual de la economía sobre la base y los principios del Nacionalsindicalismo, devolviendo al capital su misión meramente instrumental –lo que supone también exigir la nacionalización de la banca– y haciendo que la economía esté al servicio de las personas, y no las personas al servicio de la economía.
Pero para ello UNT se propone lograr que los trabajadores españoles rompamos definitivamente con los falsos “sindicatos” del Sistema y nos comprometamos en construir todos juntos un nuevo sindicalismo, unitario, verdaderamente sindicalista y revolucionario, que suponga una verdadera alternativa al viejo, paralizante, funcionarizado, moribundo y fracasado modelo del “sindicalismo” oficial.
Esa alternativa sindical que estamos construyendo poco a poco es ahora sólo una llama, una pequeña e insignificante llama en medio de una gran oscuridad que lo inunda todo. Pero allá donde UNT se hace presente, la llama se convierte en una antorcha luminosa que acaba con la oscuridad reinante. Primero fue una empresa, luego fueron varias, hoy ya son unas cuantas, pero mañana serán todas las empresas de España las que cuenten con nuestra presencia, y UNT se convertirá entonces en el Sindicato a secas, es decir, el Sindicato de todos los trabajadores españoles, el Sindicato que será motor de la Revolución Social que España necesita.







El Sindicato Unión Nacional de Trabajadores (UNT) se manifiesta claramente en contra de la nueva reforma del sistema público de pensiones. El acuerdo al que han llegado el Gobierno con los falsos sindicatos CCOO y UGT (con el anunciado apoyo de la CEOE y del PP) consiste en ampliar de forma gradual a 25 años el periodo cálculo de la cotización (actualmente es de 15 años), lo que, según un informe de Labour Asociados para la Seguridad Social, y calculando sobre 20 años en vez de 25, bajaría las pensiones una media de 60 euros (algo más de un 5%), si bien muchas voces han defendido en los últimos años ampliar el cálculo de las prestaciones a toda la vida laboral, lo que reduciría su importe medio un 30%. A ese acuerdo se añade el retrasar la edad de jubilación de 65 a 67 años (pudiéndose jubilar a los 65 quien haya cotizado 38,5 años), lo que supondría, según un reciente estudio de AXA, una reducción adicionas de entre un 17,3% y un 21,3% en las pensiones.
En teoría, según denuncia UNT, la ampliación supondría un beneficio para algunos cotizantes y un perjuicio para la inmensa mayoría de ellos. Saldrían perjudicados aquellos que son expulsados del mercado laboral a partir de los 50 años y, por lo tanto, sus últimos 15 años de cotización quedan deteriorados y son peores que los anteriores. Pero en una carrera laboral tradicional, los últimos años cotizados normalmente son los mejores y, por ello, un aumento del plazo de cálculo provocaría una rebaja de la cuantía de la pensión por diluirse estos últimos años en un cómputo en el que se tendrán en cuenta muchos años con menor cotización.
Los dos argumentos más importantes tradicionalmente esgrimidos para criticar el actual modelo son los siguientes:
1.- La demografía apunta en un sentido preocupante. El primer informe que predijo esto fue de 1995 (del Servicio de Estudios de La Caixa y los investigadores de FEDEA), y vaticinaba una proyección poblacional que no se ha cumplido ni de lejos (a causa de la inmigración fundamentalmente), un déficit para 2025 del 1,3% del PIB (algo que obviamente no va a suceder, al menos en esa fecha, pues actualmente el superávit anual ha supuesto la creación de un fondo de reserva de cerca de 65.000 millones de euros), y un montón más de datos que no se han cumplido (número de pensionistas para 2010, porcentaje del PIB necesario para mantener las pensiones, número de cotizantes a la Seguridad Social, etc.). Los expertos simplemente no dieron ni una.
Aquí hay dos aspectos a tener en cuenta. El primero es que la inmigración ha mitigado notablemente los efectos negativos que se esperaban a causa de la escasa natalidad. Sin los seis millones de inmigrantes que hay en España la situación de la Seguridad Social sería notablemente peor, ya que casi todos ellos están en edad de trabajar y su nivel de natalidad es más elevado que el de los españoles. La inmigración ha supuesto efectos negativos en otras materias, pero desde luego no en esta. Y eso son datos objetivos difícilmente rebatibles.
El otro aspecto demográfico a tener en cuenta es el de que la inversión de la pirámide poblacional tiende a equilibrarse a largo plazo. Es decir, la reducción de la natalidad producida desde los años 80 supone que a partir de 2060 (momento en el que habrá unos 16,5 millones de pensionistas –el doble que en 2010–) el número de pensionistas se reducirá notablemente año a año y se volverá al equilibrio aproximadamente en una década (incluso podría volverse a una pirámide clásica si se incrementara la natalidad).
El principal problema, pues, resulta ser transitorio. Lo verdaderamente importante es conseguir un cuantioso fondo de reserva para afrontar las dificultades que se van a dar entre los años 2040 y 2060, que son los años realmente problemáticos para el actual modelo de pensiones.
No obstante, hay un dato que sí hay que tener en cuenta seriamente, y es el del aumento de la esperanza de vida. Su efecto es importante. No tanto como se dice cuando se relaciona con la inversión de la pirámide poblacional, pero aún así hay que reconocer que es importante, aunque sin llegar a ser determinante (sólo lo sería en combinación con otros factores de tipo económico, productivo y financiero). Pese a todo, el dato del aumento de la esperanza de vida es una verdad a medias, ya que dicho aumento no se ha debido sólo a que los ancianos vivan más tiempo -que también-, sino en no menos importancia a la gran reducción de la mortalidad infantil en las últimas décadas. Por tanto, el dato relevante no es el de la mayor esperanza de vida, sino el del tiempo que un pensionista cobra la jubilación hasta que fallece, y si bien se ha ido incrementando progresivamente, lo cierto es que sólo lo ha hecho en algo más de dos años desde que se implementó el actual modelo.
Y es que, más que el de la población, el problema es que los jóvenes se incorporan al mundo laboral cada vez más tarde mientras los trabajadores veteranos son expulsados del mismo cada vez más pronto. No es sostenible el modelo si se empieza a trabajar a los 30 años y con contratos temporales, se prejubila uno a los 55 habiendo cotizado apenas 20 años por culpa de los largos períodos de desempleo cobrando ayudas públicas, y se vive hasta los 85 años.
2.- Los fondos privados de pensiones. El debate sobre la reforma de pensiones viene siendo azuzado especialmente desde la banca y las aseguradoras para potenciar la opción por su negocio de los fondos privados de pensiones. La realidad ha puesto en evidencia la poca seguridad de esos fondos. Miles de personas han perdido gran parte de sus ahorros en los fondos privados de pensiones, y sin embargo el Sistema sigue incentivándolos porque son una constante fuente de ingresos que revierten en el propio Sistema en la medida en que son invertidos a cambio de una rentabilidad que no siempre se produce y que desde luego no está garantizada.
Del debate de los años 90 sobre la necesidad de pasar de un sistema de pensiones de reparto (los que trabajan pagan las pensiones de los jubilados) a uno de capitalización (la pensión a recibir será el resultado de lo capitalizado en el fondo de pensiones durante la vida laboral), se ha pasado al debate sobre la necesidad de reducir las pensiones públicas a un mínimo “sostenible” y obligar a complementarlas con el fondo privado de capitalización. La idea de la capitalización como forma de incentivar la responsabilidad individual podría ser en parte positiva si se incardinara dentro del sistema público de pensiones, pero lo que hace sospechar que hay gato encerrado es que todos los que lo proponen se empeñan en que esos fondos basados en la capitalización han de ser privados… Y es que no puede obviarse el hecho de que la capitalización siempre es más interesante para quien tiene más capacidad de ahorro, lo que perjudica claramente a las personas de menor renta. Se puede tener mucha voluntad de ahorro para capitalizar y no tener la capacidad suficiente para garantizarse una pensión digna, por lo que la capitalización como modelo no garantiza criterios de justicia (y eso por no hablar del mayor reto que supone para este modelo el incremento de la esperanza de vida).
Medidas a tomar
A corto plazo UNT considera que se imponen medidas como el que sólo las prestaciones contributivas se cubran con lo recaudado por las cotizaciones. Actualmente se siguen incumpliendo las previsiones del Pacto de Toledo en este aspecto, de forma que la previsión de que en 2013 se llegue a cumplir dicho acuerdo se antoja imposible (unos 4.266 millones de euros de cotizaciones se siguen destinando a complementos de mínimos no contributivos, lo que supone el 5% del gasto anual en pensiones). También podría establecerse un ligero incremento de las cotizaciones, se debe desarrollar un sistema de apoyo real a las familias para fomentar la natalidad (incluyendo la penalización del crimen del aborto) y equilibrar la pirámide poblacional lo antes posible, y, sobre todo, debe emprenderse un ambicioso proyecto de fomento del empleo que logre aumentar el número de cotizantes a corto plazo (aunque para consolidar esto es necesario cambiar el modelo económico y financiero actual).
Además, debe adelantarse en lo posible la edad de entrada en el mundo laboral dignificando las profesiones no universitarias, al tiempo que debe alargarse la edad de jubilación real (63 años) para acercarla lo más posible a la hasta ahora legal (65) y conseguirse una mayor estabilidad laboral a lo largo de la vida, pues cada vez es mayor el tiempo que un trabajador pasa en situación de desempleo.
También pueden lograrse grandes resultados incentivando más el retraso voluntario de la edad de jubilación, algo que siempre es mejor que el retraso obligatorio e indiscriminado, pues en algunas profesiones con 67 o incluso 70 años se está en plenitud de facultades y se puede tener ganas de seguir trabajando, mientras que en otras ya resulta duro trabajar con 60. Aquí el acuerdo supone una solución intermedia consistente en permitir la jubilación a los 65 años de quienes hayan cotizado al menos durante 38,5 años y retrasar al resto la jubilación hasta los 67 . Esto podría ser más o menos aceptable en los tiempos en que la estabilidad en el empleo era la nota dominante, pero en una época caracterizada precisamente por la precariedad, por la dificultad de acceder al mundo laboral y por la prematura expulsión del mismo antes de cumplir los 60 años, el resultado de dicha propuesta dará lugar a muchas injusticias si antes no se atajan los problemas estructurales, algo imposible de hacer en el sistema capitalista actual.
En cuanto a las medidas que pueden tomarse a medio plazo, desde UNT planteamos la posibilidad de suprimir los regímenes especiales y que todos los trabajadores –al menos los que lo hacen por cuenta ajena, pues el caso de los autónomos es más complejo– se integren en el Régimen General de la Seguridad Social, ya que la principal diferencia entre esos regímenes y el general consiste en que las cotizaciones sociales realizadas por la empresa son menores. Esa consideración tenía más sentido en los tiempos en que las diferencias de productividad entre los diferentes sectores eran mayores de lo que son hoy en día, si bien para adoptar esa medida sería preciso afrontar previamente el reto de rediseñar el futuro de la agricultura, de la minería y del trabajo en el mar. La situación de esos sectores no aconseja unificar los regímenes a corto plazo y sin afrontar ese problema, pero eso es algo que puede hacerse perfectamente a medio plazo.
Los ingresos obedecen a un modelo que también debe redefinirse, ya que es el aspecto más fluctuante en los momentos de crisis económicas. En tal sentido, el sistema capitalista supone una dificultad añadida en cuanto impide plasmar los incrementos de la productividad en un incremento correlativo de la contribución, dado que los márgenes de ganancia capitalista requieren crecimientos exponenciales para poder pagar los intereses del capital y mantener al mismo tiempo los beneficios empresariales que garanticen la viabilidad. La eliminación de esos intereses capitalistas permitiría que, en un sistema con una banca nacionalizada y con una función social y productiva, unido a una sindicalización efectiva de las empresas según el modelo nacionalsindicalista, gran parte de los beneficios empresariales podrían dedicarse a nutrir el sistema de Seguridad Social.
A largo plazo UNT considera que no hay otra solución que la de alterar el Sistema económico y de previsión social actual, acabando con la usura, con la banca privada y con la asignación de la plusvalía al capital, de forma que todo ello integre un sistema nacional basado en la gestión de los propios trabajadores por medio de sindicatos unitarios, tal y como propone el Nacionalsindicalismo.
En conclusión, desde UNT se considera necesario afrontar los grandes retos del sistema de Seguridad Social, pero partiendo de la idea de que no basta con tomar medidas a corto plazo ni deben tomarse tampoco medidas injustas. El problema reside principalmente en el Sistema capitalista, en su modelo productivo y el mundo laboral que genera, así como en la injusta manera que tiene de distribuir los beneficios derivados de los incrementos de productividad. Sólo un sistema económico más justo, como el Nacionalsindicalismo, puede servir de base a un sistema de seguridad social más equitativo y asentado sobre unas bases más sólidas.
UNT, pues, rechaza tajantemente el acuerdo adoptado por los "sindicatos" traidores a los trabajadores y un Gobierno vendido al capitalismo internacional, que es actualmente y más que nunca quien le marca las políticas a realizar, y procurará apoyar cuantas iniciativas y protestas se convoquen en contra de este atropello. ¿Alguien tenía dudas de que, como siempre, CCOO y UGT iban a vender una vez más a los trabajadores para intentar salvarle las próximas elecciones al PSOE?

En la mañana del 28 de enero se celebraron elecciones sindicales en la empresa "Tennisquick Española Internacional, S.A.", de San Martín de la Vega (Madrid), donde UNT concurría a las citadas elecciones con el afiliado Miguel Ángel Caballero a la cabeza, quien avalado por la mayoría de sus compañeros presentó candidatura por nuestro sindicato, el de todos.
A las 12:30 se iniciaba el proceso electoral con la constitución de la Mesa y se procedía a la votación, votación que hubo de ser repetida por existir más papeletas en la urna que votantes, algo achacable no a la mala fe de nadie, sino al descuido a la hora coger las papeletas. Aunque la superioridad de votos a favor de UNT hacían presagiar un importante descalabro para las formaciones sindicales mayoritarias. Que protagonizaron una vergonzosa actuación previa a la segunda votación, entregando material propagandístico, enfrentándose dialécticamente con nuestro responsable de elecciones sindicales y coaccionando el voto de los trabajadores, algo que sin duda no consiguieron.
Finalmente, el candidato de UNT ganó las elecciones con una amplia mayoría, 14 votos de 19 votantes, por delante de CCOO (3 votos) y UGT (2 votos).
Vaya desde estas líneas nuestra enhorabuena para Miguel Ángel, y nuestra gratitud a los trabajadores que han confiado en nosotros, sabedores de que otro sindicalismo es posible.
